Reaprender a leer

 

 

 

¿Por qué el hombre, indefenso al nacer, se convirtió en el dominador del planeta? Porque fue el único entre todas las especies que aprendió a tallar un alfabeto en su cerebro. El secreto de este valioso capital intangible permitió evolucionar la comunicación, superando las barreras del tiempo y del espacio.

 
La paradoja de la sociedad de la información es que mientras la producción de textos y conocimientos crece exponencialmente, las habilidades lectoras se mantienen constantes o disminuyen.

 
El cambio acelerado requiere una actualización continua para sostener el nivel competitivo. El problema que encierra el funcionamiento de la memoria es que cuando nos detenemos para registrar lo que leemos, dejamos de recibir información, lentificando los procesos perceptivos y disminuyendo el atractivo por leer.

 
En la comunidad educativa, empresarial y política, no existe una conciencia clara sobre el valor de la lectura, ni una visión estratégica sobre los beneficios sistémicos que promueve. La buena noticia es que se puede reaprender a leer, porque leer cualquiera sabe.

Reaprender a leer es la clave.
Uno de los problemas es que el reducido espacio que se le destina a la lectura conduce a un nuevo analfabetismo de tipo funcional que caracteriza a los que saben leer pero no leen. Asimismo, se ha comprobado que la recepción pasiva de la información visual o auditiva frente a la TV empobrece el procesamiento de la información.

 
Existe una solución para la falta de tiempo: como el día no se puede estirar, mejoremos entonces nuestra capacidad como lectores.

 
La técnica de lectura veloz es una tecnología revolucionaria que constituye una de las herramientas básicas del método ILVEM. Se funda en los siguientes principios:
1) El campo visual puede ser optimizado. Mientras que el lector lento lee por palabras aisladas, el lector entrenado puede captar de 5 a 10 palabras por golpe de vista.
2) El lector lento está condicionado por la barrera del sonido. Necesita escuchar cada palabra que lee y los mensajes orales tienen una velocidad de emisión máxima de 100 palabras por minuto. El lector rápido acorta camino enviando directamente la información desde el ojo al cerebro y puede superar sin inconvenientes las 500 palabras leídas por minuto.
3) En materia de comprensión es donde las prestaciones de ambos modelos se inclinan decididamente a favor de la lectura rápida. Mientras el lector común recibe sílabas o palabras sueltas que en sí mismas carecen de sentido, el lector entrenado reúne las palabras en grupos con significado propio -denominados técnicamente “unidades de pensamiento”-, lo que le permite entender mejor. Es decir, el lector lento ve el árbol mientras que el rápido percibe el bosque.
4) Las distracciones y regresiones obligan al lector tradicional a relecturas continuas lo cual lleva su rendimiento a niveles mínimos. El lector rápido aumenta la concentración al no dejar libre el espacio mental que generan las distracciones. Así, como quien maneja rápido, el lector veloz se concentra automáticamente.
La buena noticia es que a cualquier edad se pueden mejorar los hábitos de lectura.

 

El dominio de la lectura veloz requiere un abordaje teórico-práctico. La comprensión conceptual de la técnica no es sinónimo de su internalización. Por lo tanto, para convertirse en un lector dinámico, es preciso realizar la gimnasia mental que se obtiene en nuestros cursos.
 
Habitualmente la lectura no es continua, nos detenemos para leer en puntos de fijación y el tiempo que nos detenemos es la pausa del ojo. Lo que vemos alrededor del punto es el campo visual. El salto que damos entre punto y punto es el salto de ojo o movimiento de regresión cuando volvemos o de retorno cuando cambiamos de renglón.
 
• La mecánica de la lectura.
La lectura es un proceso complejo que implica el movimiento de los ojos y el proceso mental que transforma los símbolos en significado. Al analizar los mecanismos de la percepción visual es evidente que el ojo no realiza movimientos regulares sino discontinuos, es decir, recorre la línea verificando una serie de saltos y pausas. La lectura sólo se produce durante estas pausas que denominaremos “puntos de fijación”. La duración y número de los “puntos de fijación” varían según cada individuo y la complejidad del texto.
 
• Lectura espacial.
La lectura espacial es una nueva manera de leer que consiste en fijar la mirada por encima de la palabra (en la entrelínea) y en el centro geométrico de la misma.
 
La lectura en el espacio elimina la costumbre de comenzar a leer desde la primera letra ya que permite captar al menos una palabra a la vez. El primer paso, entonces, es reemplazar la lectura tradicional por la lectura espacial.
Es importante advertir que durante la primera semana, ésta suele causar dificultades debido a la falta de costumbre, pero se debe practicar hasta adquirirla.
 
Para unir dos puntos de fijación, los ojos realizan un movimiento de izquierda a derecha llamado “salto de ojo”. El “movimiento de retorno”, en cambio, es el que efectúan al terminar un renglón y comenzar con el siguiente. Otra tendencia común es la “regresión” que consiste en volver atrás para releer.
 
• Aumento del campo visual:

Otro concepto fundamental al que haremos referencia a lo largo del curso es el de “campo visual”, que definimos como todo aquello que puede observarse al detener la vista en el punto de fijación de la mirada. Existen dos tipos de visión: la central y la periférica. La primera es más nítida pero reducida a lo que está próximo al punto de fijación. La segunda posee mayor alcance pero no es precisa, ya que percibe sin exactitud.
Sin embargo, unidos a la capacidad predictiva de la mente, ambos tipos de visión se complementan. Por ejemplo:


               x
“El día estaba nublado”.

“El” y “do” se perciben con la visión periférica y “día estaba nubla” con la visión central.
 
Diferencia entre el lector tradicional y el lector veloz:
El lector tradicional se desplaza, como en la flecha, efectuando numerosas pausas sobre las letras. 

 
SABER LEER ES LA CLAVE

PUES LEER CUALQUIERA SABE

  

El lector espacial mira por encima de las palabras y en el centro geométrico de las mismas.
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SABER LEER ES LA CLAVE
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PUES LEER CUALQUIERA SABE

 

 

Fuente: Dr. Horacio Krell - Director Fundador de ILVEM INTERNACIONAL