Saber enfocar un dialogo

"no pienses en una rana"

 

 
Dile a alguien: “no pienses en una rana” y enseguida su mente la dibujará. Al oír la palabra, el cerebro activará un marco referencial evocador basado en la memoria. Las palabras no son inocentes, movilizan una estructura preexistente que opera aun contra la voluntad. El pensamiento no es libre, procede según esos guiones y si la información no concuerda con ellos, los marcos prevalecen y hasta ignoran los hechos que están a la vista.
 
En una discusión quien domina el lenguaje (de la lengua y del cerebro), controla los mensajes y gana el debate. Si no desea que su interlocutor piense en la rana, no le diga “no pienses en la rana”, en su defecto, apártelo del discurso para no crear esa imagen.
 
Antes de hablar esclarezca su objetivo. Y tenga en cuenta que la mente no procesa en negativo (no reconoce ni procesa la palabra “no”), y que al decirle “no pienses en una rana”, necesitará antes imaginarla, para luego negarlo, pero su efecto de traerla a la mente ya causo su impacto.
 
Por eso aprenda a eliminar el “no” de su vocabulario, ya que en su mente como en la de quien lo escucha produce el efecto contrario al que seguramente usted desea, Así como el pedir que “no se fume” genera el deseo de fumar. Lo ideal es expresar la intención contraria en positivo: “deseo que respire aire puro”. Este mensaje envía una señal precisa al cerebro. Somos lo que creemos y recordamos. Para influir sobre alguien hay que obtener información. Muchos hablan tanto que no pueden escuchar, ni sintonizarse con su interlocutor. Sin eso la tierra no es fértil, la semilla se desperdicia y la cosecha será pobre.
 
Hay que concentrar la atención en el otro y en su entorno, y convertirse luego en su espejo como si los dos fuesen uno. Debe empezar el discurso con una verdad que el otro acepte. Las creencias son complejas, pero siempre hay un mínimo de puntos de acuerdo.
 
Si una persona hizo o cree en algo, lo puede repetir. Hay que intentar que reviva sus mejores momentos, para que se ancle a los mismos y se sienta bien. Si alguien tomó la decisión de comprar un producto similar en el pasado, averiguando los “pasos mentales” y el criterio de compra; se puede ordenar la exposición para motivarlo. Se empieza así, se satisface el criterio número uno y se avanza sucesivamente. Las personas tienen formas de conducta o “huellas digitales” de cómo compran. Esta técnica ayuda a descubrir lo que valoriza, y la secuencia en la cual conviene presentarle los argumentos.
 
Pareciera sencillo inducir al otro para que haga lo que queremos. El hábito de pensar por patrones previos adapta la realidad a lo que conoce o cree. Este automatismo es una de las herramientas más explotadas por los que ejercen cargos de poder en la política para que la gente les responda.
 
Hay que enseñar a desarrollar un pensamiento distinto que desafíe los caminos trillados, variando las acciones se logran resultados diferentes. Muchos cometen el error de querer mejorar haciendo más de lo mismo, se resisten al cambio y utilizan sus energías en aprender a convivir con los problemas.
 
“No pienses en una rana” es la metáfora de cómo conducir a un cerebro dormido, pero debemos crear cerebros creativos. Somos gigantes dormidos porque utilizamos tan solo el 10% de nuestra capacidad. El verdadero sentido de educar es enseñar a desarrollar el potencial que todos llevamos dentro.