Sobre el amor
  

 

 

 
 
Mucho se ha hablado del amor y la pareja, pero en esta ocasión quise abordarlo desde un punto de vista diferente.
 
Está demostrado que inconscientemente, la mayoría de la gente inicia una relación atraídos por los beneficios sentimentales que le pueden aportar las cualidades de la otra persona, en lugar de enfocarse en ver la oportunidad de descubrirse así mismas el potencial para aportar a su pareja.
 
El verdadero objetivo de una relación es encontrar qué parte de uno mismo quisiera ver «descubierta» gracias a la otra persona; no que parte de la otra persona se puede capturar y conservar.
 
Resulta muy romántico decir que uno no era «nada» hasta que llegó esa otra persona tan especial; pero no es cierto. Y, lo que es peor, supone una increíble presión sobre esa persona, forzándole a ser toda una serie de cosas que no es.
 
Al no querer «desengañar», trata con gran esfuerzo de ser y hacer esas cosas, hasta que ya no puede más. Ya no puede completar el retrato que se ha forjado de él o ella. Ya no puede desempeñar el papel que se le ha asignado. Surge el resentimiento. Y después la cólera.
 
Finalmente, para salvarse a sí misma (y la relación), esa otra persona especial empieza a recuperar su auténtico yo, actuando más de acuerdo con Quien Realmente Es. Y en ese momento es cuando decimos que «realmente, ha cambiado».
 
Resulta muy romántico decir que, ahora que esa otra persona especial ha entrado en tu vida, te sientes completo. Pero el objetivo de la relación no es tener a otra persona que te complete, sino tener a otra persona con la que compartir tu completitud.
 
He aquí la paradoja de todas las relaciones humanas: no necesitamos a otra persona para experimentar plenamente quienes somos, (sin un otro, no soy nada).
 
Si dejamos que, en una relación con otra persona, cada uno se preocupe de Sí mismo: de lo que Uno mismo es, hace y tiene; de lo que Uno mismo quiere, pide, obtiene; de lo que Uno mismo busca, crea, experimenta... todas las relaciones servirán magníficamente a este propósito, y a quienes participen en ellas.
 
Parece un consejo extraño, ya que nos han enseñado que en una relación uno se debe preocupar únicamente por el otro. Pero yo opino esto: es el hecho de centrarse en el otro -de obsesionarse con el otro- lo que hace que las relaciones fracasen.
 
La persona que más ama es la persona que está más centrada en Sí misma.
 
Si no te amas a ti mismo, no puedes amar a otro. Mucha gente comete el error de tratar de amarse a Sí mismo a través de amar a otro. Por supuesto, no se dan cuenta de que lo hacen. No se trata de un esfuerzo consciente, sino de algo que se da en la mente, a un nivel muy profundo, en el subconsciente. Piensan: «Si puedo amar a otros, ellos me amarán a mi, Entonces seré alguien digno de ser amado, y, por lo tanto, Yo me amaré a mí mismo».
 
Dos personas se unen para compartir su vida, esperando que el todo será más que la suma de las partes, y se encuentran con que es menos. Se sienten menos que cuando estaban solos. Menos capaces, menos hábiles, menos apasionantes, menos atractivos, menos alegres, menos contentos... Y ello es así porque son menos. Han renunciado a la mayor parte de lo que son con el fin de tener -y conservar- la relación. Las relaciones nunca han tenido por qué ser así: Pero así es como lo experimentan la mayoría de las personas.
 
Las relaciones personales son «tierra santa». Prácticamente no tienen nada que ver con el otro, pero, puesto que implican a otro, tienen todo que ver con el otro. Esta es una divina contradicción. Este es el círculo perfecto. «Bienaventurados los que se centran en Sí mismos, porque ellos conocerán a Dios y a los demás».
 
Puede que no sea un mal objetivo en tu vida conocer la parte más elevada de Ti mismo, y permanecer centrado en ella para, cuando llegue el momento, des lo mejor de ti.
 
Tu primera relación debe ser contigo mismo. Debes aprender primero a honrarte, cuidarte y amarte a Ti mismo.
 
Debes verte a Ti mismo como estimable, para poder ver al otro como tal. Debes valorarte a Ti mismo para poder valorar al otro como tal. Debes verte primero a Ti mismo como buena persona para poder reconocer tu propia bondad.
 
Este es el mensaje que la mayoría de las personas no son capaces de escuchar; esta es la verdad que la mayoría no son capaces de aceptar. Y esta es la razón por la que muchas personas no se enamoran realmente, auténticamente, de otra persona. Porque nunca se han enamorado realmente, auténticamente, de ellos mismos.
 
Así, déjame decirte algo: céntrate ahora y siempre en Ti mismo. Preocúpate de observar lo que tú eres, haces y tienes en un momento dado, y no cómo les va a los demás. La vida te resultara más fácil y placentera!